Tras 4 años de tenaz lucha, un grupo de oliveros de la región de Atacama logró adjudicarse el pasado el 23 de junio (2016) el título de Denominación de Origen para el aceite de oliva producido en el Valle del Huasco. Para obtener ésta distinción el Instituto Nacional de Propiedad Industrial planteó como condición que la materia prima debe provenir de olivos del Valle del Huasco, incluyendo las comunas de Huasco, Freirina, Vallenar y Alto del Carmen, y que la transformación y envasado del producto debe realizarse dentro de este territorio.

Vicente Rodríguez Orruño, es olivarero por más de 18 años, gerente de la empresa Olivos VRO ubicada en la comuna de Freirina, importó el año 2000 estaquillas enraizadas de olivos desde Italia y España, también obtuvo esquejes de la variedad sevillana de los antiguos olivos que aún existen en la zona costera del Valle y logro plantar un predio que a la fecha totaliza una plantación de 18 mil árboles.

Rodríguez es además, integrante de un grupo de ocho olivareros y productores de aceite de oliva extra virgen, reconocido en el país por su antigua tradición y calidad de la fruta, donde destacan las variedades sevillana, manzanilla y empeltre. Junto a este grupo fueron quienes solicitaron la Denominación de Origen con el objetivo de mejorar la comercialización del producto diferenciándolo del que se produce en otras zonas y hacerlo reconocido tanto a nivel nacional como internacional.

Así por medio de un Programa de Territorial Integrado agenciado por Codesser y Corfo en 2002 se inició la tarea de mejorar los cultivos de la región, tanto para olivos de mesa como de aceite, elaborando luego en conjunto con el Instituto de Investigaciones Agropecuarias y la Asociación Gremial de Agricultores (AGA) de la provincia del Huasco un plan para posicionar el aceite de oliva con la obtención de la Denominación de Origen.

En tanto, sobre el trabajo con Codesser, Vicente Rodríguez comenta que ha sido un pilar importante en la obtención del título de origen, ya que desde el inicio del proyecto, “estuvo involucrado con su equipo técnico en las diferentes etapas de desarrollo de éste y en el futuro podría tener una participación muy relevante en la puesta en marcha de la organización de los nuevos desafíos que nos deparan a los olivareros del Valle del Huasco”.

Sobre este hecho, enfatizó en que para el gremio, “la titularidad es la mejor forma de unir voluntades y esfuerzo de los productores de aceite de oliva del Valle del Huasco, en pos de lograr un producto de calidad, que sea reconocido a nivel nacional e internacional, para finalmente mejorar la competitividad del sector”.

De este modo, ahora resta la organización de los olivicultores por medio de la normativa y reglamento a cumplir. Es importante destacar que a la fecha es la única denominación de origen para el aceite de oliva que se ha entregado en Chile, lo que permite al producto nacional estar a la altura de los países europeos.

Actualmente el aceite de oliva del Huasco es comercializado en las regiones de Atacama y Coquimbo. Con el nombramiento éste podrá ser reconocido a nivel mundial permitiéndole llegar a países como Estados Unidos, Canadá y Alemania.

Según explica el productor olivero, a pesar de este gran logro, aún quedan temas por solucionar para obtener una óptima producción, en este aspecto destacó la necesidad de mejorar la tecnología para el tratamiento de los cultivos, utilizar sistemas de riego modernos y el tratamiento agronómico con fertilizantes aceptados, obtener certificación HACCP. “Se requiere que todos los olivares cuenten con riego tecnificado para obtener el máximo de rendimiento del recurso hídrico, una cosecha mecanizada y producción moderna y eficiente de aceite, todo este proceso con el cuidado del medio ambiente y de todas las personas que participan en las labores agrícolas e industriales”.

Sobre la misma, asegura que para modificar estos aspectos es necesario el apoyo de profesionales capacitados y recursos económicos, dado que un error como la poda drástica podría afectar la producción de aceitunas. “Además se hace necesario contar con plantas procesadoras de alta tecnología que permita obtener un aceite de oliva de excelencia, acorde con la tradición, pero con costos reducidos en cuanto a energía, recurso hídrico. No cabe duda que todo este proceso implica recurso humano con capacitación avanzada y recursos económicos importantes”, indicó.

El gran desafío ahora, finaliza Rodríguez, es trabajar unidos en pos de honrar la distinción entregada, produciendo un aceite de oliva de reconocida calidad, mediante métodos tecnológicamente aceptados, con cultivos y prácticas agrícolas productivos y rentables, eso sí, “sin perder de vista nuestra historia, pero mirando el futuro con fuerza y optimismo”.